Con un tono crudo y profundamente introspectivo, este tomo final cierra una historia marcada por la confusión emocional, la soledad y la búsqueda desesperada de identidad.
"Yori y yo éramos inseparables. Pero cuando mi madre se marcha de casa, mi identidad se sume en una crisis profunda... Por fin descubrimos lo que tienen en común Komori, un universitario solitario, y Mari, la chica más popular de su instituto."
Shuzo Oshimi construye un desenlace incómodo y honesto, que no ofrece respuestas fáciles, pero sí una mirada lúcida sobre la fragilidad del yo y la necesidad —a veces dolorosa— de aceptarse para poder seguir adelante.